Perspectiva de la comunidad sorda y su lengua

La experiencia de ser sordo y bilingüe. Aquí presento la evidencia de lo que he vivido a lo largo de mi vida como una verdadera persona sorda, orgullosa de pertenecer a dos culturas y de ser bilingüe. Mi identidad está formada por dos lenguas y dos mundos: el español y la Lengua de Señas. La…

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La experiencia de ser sordo y bilingüe. Aquí presento la evidencia de lo que he vivido a lo largo de mi vida como una verdadera persona sorda, orgullosa de pertenecer a dos culturas y de ser bilingüe. Mi identidad está formada por dos lenguas y dos mundos: el español y la Lengua de Señas. La lengua de señas no solo es un medio de comunicación, es también el reflejo de una cultura, de una manera distinta de percibir y entender la vida.

A través de ella se construyen relaciones, conocimientos y una comunidad que comparte valores, luchas y orgullo. Por otro lado, el español me ha permitido relacionarme con la sociedad oyente, acceder a la educación, al trabajo y a otros espacios donde la lengua de señas no siempre es comprendida o respetada.

Vivir entre dos lenguas y dos culturas no ha sido sencillo. Muchas veces me he encontrado con barreras, prejuicios y falta de accesibilidad. Sin embargo, también he descubierto que esta condición me da una perspectiva más amplia: puedo moverme en distintos contextos, tender puentes y demostrar que la diversidad lingüística y cultural enriquece a toda la sociedad.

Ser bilingüe me permite afirmar que no existe una sola manera “correcta” de comunicarse o de ser. Mientras la discapacidad auditiva suele verse desde la medicina como algo que “falta” o que debe rehabilitarse, yo elijo reconocerme desde el orgullo sordo: aceptando mi identidad, mis capacidades y mi lengua, sin necesidad de terapia ni de tratamiento. Esta es mi verdad y mi aporte: mostrar que ser sordo no significa limitación, sino pertenecer a una comunidad con historia, cultura y voz propia. Y que la riqueza de hablar dos lenguas y vivir en dos culturas es, sin duda, un privilegio y una fortaleza.

Diego A. González
Docente de la Facultad de Ciencias para el Desarrollo Humano de la Universidad Autónoma de Tlaxcala.

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